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Lo que entra por la orejaNúmero 2

La pulsión invocante y el objeto voz

Por 18/07/2012 marzo 28th, 2020 No Comments

Las pulsiones lacanianas

Para introducir el tema que voy a trabajar, me he dejado orientar por el Seminario de “La Angustia”, particularmente en su cuarta parte. Es allí donde vamos a encontrar desplegadas las cinco formas del objeto a, las tres freudianas: oral, anal y fálica; y las dos lacanianas: escópica y vocal.

Este objeto pequeño a pone en cuestión el formalismo como tal, constituyendo un límite interior a los poderes de este formalismo, y aparece como éxtimo en tanto implica una lógica encarnada. Es lo que lo hace no totalmente natural y tampoco totalmente formal. Es esa parte de nuestra carne que permanece necesariamente atrapada en la máquina formal, para siempre e irremediablemente perdida.1 Miller, Jacques-Alain. Los objetos a en la experiencia analítica. Presentación del tema del Congreso de la AMP. 2006.

Allí donde Freud dice su fórmula: la anatomía es el destino, Lacan la torna verdadera al dar al término anatomía su sentido estricto, etimológico: ana-tomía, poniendo de relieve su función de corte, de borde, siendo los agujeros del cuerpo pulsional los soportes de los objetos. Así da lugar a un nuevo estatuto del cuerpo. Ya no es el cuerpo imaginario, sin órganos, del Estadio del Espejo, ni tampoco el cuerpo mortificado por el significante que barra. Restituye al cuerpo sus particularidades anatómicas. Es un cuerpo que pierde su unidad en beneficio de la fragmentación en pedazos separables, en partes, en órganos. En piezas sueltas a las que les puede encontrar un nuevo uso.

En este primer registro del objeto a, correspondiente a la lista de las pulsiones diseñada por Freud y ordenada por Lacan, el goce es presentado como el objeto a de la pulsión. En este caso, la pulsión invocante.

La voz

A diferencia del objeto oral y anal, que responden a la dialéctica de la demanda, la mirada y la voz eluden esa dimensión de la castración, constituyéndose en objetos del deseo.

Y es la experiencia clínica la que ha llevado a Lacan a sumar a los objetos freudianos a estos otros dos, la mirada y la voz. El objeto voz puede localizarse allí a través de las voces extraviadas de la psicosis, y en los imperativos superyoicos de las neurosis.

Lacan presenta la voz, a la que da como soporte su evocación bajo una forma separada, materializada en un objeto, el shofar. La introducción del shofar da lugar a la voz bajo la dimensión propiamente vocal, una forma ejemplar en la que ella es, en cierto modo, potencialmente separable. Es lo que ha venido planteando a lo largo de este Seminario 10, la separación como lo que constituye el estatuto del objeto.

La voz no es vocalizada y se diferencia de la fonematización a la que nos tiene acostumbrados la lingüística. Despojada de toda dialéctica, es aislable y separable. Separada del significante, de la utilización que se hace de la palabra.

La voz lacaniana no solamente no es palabra, sino que tampoco es nada del hablar. De la misma manera, no es la entonación, porque es esencialmente fuera de sentido.

El obstáculo principal para captar el lugar de la voz es el hecho de que estamos obnubilados por la función del sonido, por la función fónica. Por el contrario, la voz como objeto está hecha de un vaciamiento de la sustancia sonora. Al no tener materialidad sonora, es á-fona. La voz se aleja así de la música como producción sonora, de la retórica como modulación del significante sonoro, pero también de la palabra como productora de sentido.2Regnault François. La música no piensa sola en Revista Consecuencias Nº 5 Virtual del ICBA Buenos Aires 2010.

Lacan señala en “De una cuestión preliminar…” que hay una función de la voz esencialmente ligada a la cadena significante como tal, no sólo en tanto hablada y oída, sino también en tanto escrita y leída. Su punto crucial es que la producción de la cadena significante no está ligada a ningún órgano de los sentidos ni a ningún registro sensorial.

La voz se puede definir como aquello que del significante, no converge con el efecto de significación. Aparece como resto de la sustracción de la significación al significante. En el grafo del deseo, Lacan ubica a la voz en el eje del enunciado, al pasar por el segundo entrecruzamiento, más allá del Otro, y allí no operan ni el significante ni el efecto de significación.

Si para nosotros la voz, indica Lacan, tiene importancia, es porque no resuena en ningún vacío espacial. Resuena en un vacío que es el vacío del Otro en cuanto tal, el ex nihilo propiamente dicho. Y es por eso que, separada de nosotros, nuestra voz se nos revela con un sonido ajeno. Es por estructura que se constituye cierto vacío en el Otro, el vacío de su falta de garantía. Al experimentarse como un eco en lo real, la voz resuena como distinta de las sonoridades, no modulada sino articulada. Es la voz en tanto que imperativa, reclamando obediencia o convicción.

Una voz no se asimila sino que se incorpora. Es lo que puede darle una función para modelar nuestro vacío, para modelar nuestra angustia. Al modo del shofar, puede darle a la angustia su resolución, mediante la introducción de otro orden.

Hay voz porque el significante gira en torno al objeto indecible. La voz como tal emerge cada vez que el significante se corta por reencontrar ese objeto en el horror. Dice Lacan que lo que es rehusado en lo simbólico vuelve a surgir en lo real. Se sitúa allí donde la cadena se corta. Es lo que sucede en las alucinaciones verbales. Como en el caso de “Marrana”, en el que la paciente dice escuchar la injuria por parte de un hombre con quien se cruzó en el pasillo, una palabra cargada de un sentido oscuro. La carga libidinal de esa palabra es lo que no puede ser asumido por el sujeto y por lo tanto se le atribuye al Otro. “Marrana” irrumpe en otro registro, ha sido oída en lo real. En el lugar en que el objeto indecible es rechazado en lo real, se deja oír una palabra, ocupando el lugar de lo que no tiene nombre.

O como el caso de una paciente en la que el ingreso a la pubertad produce un vacío de significación que ella ha resuelto en principio, hablando con su yo. Cada vez que se producía una situación que la confrontaba con el agujero de la sexualidad, recurría a este parloteo incesante.

El destino de la pulsión

Miller señala que detrás de la pulsión de Freud está el sinthome de Lacan. La pulsión freudiana es un concepto mítico, fronterizo entre lo anímico y lo somático y por lo tanto está implicada necesariamente en estos dos campos, como un modo de aproximar inconsciente y cuerpo, mientras que el síntoma lacaniano es la conexión real entre significante y cuerpo. 3Miller, Jacques-Alain. Una nueva modalidad del síntoma. Virtualia Nº 1. Publicación virtual de la EOL.

Como lo señalamos anteriormente, la formalización del objeto a comienza a elaborarse en el seminario de La Angustia, hasta que, a través de las operaciones de la constitución del sujeto, alienación y separación, en el Seminario 11, alcanza la forma propiamente lógica.

En los Seminarios 16 y 17  Lacan incluye al objeto a en la estructura de los discursos. Llegamos así al Seminario 20, en el que el objeto a, como señala Miller, es insuficiente para dar cuenta del goce, que viene a inscribirse en medio de un triángulo como una protuberancia informe. A partir de allí, Lacan deja de recurrir al formalismo que había construido en los años precedentes, retomando la perspectiva planteada en el Seminario 10.

¿Cómo ubicamos en este momento de su enseñanza la pulsión invocante? En el Seminario 23 El sinthome, Lacan afirma que la oreja es el orificio más importante porque es imposible de cerrar, y por eso el cuerpo resuena al ser allí sensible a la voz. Y la pulsión no es sino el modo en que el cuerpo le hace de resonancia, es el eco en el cuerpo del hecho de que hay un decir.

 


Bibliografia
Lacan, Jacques. Seminario 10 La Angustia. Paidós. Bs. As. 2009.
Seminario 3 Las psicosis. Paidós. Bs. As. 1995.
De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis.
En Escritos 2. Siglo XXI editores. Bs. As. 1987.
Seminario 23 El sinthome. Paidós. Bs. As. 2006.
Miller, Jacques-Alain. Una nueva modalidad del síntoma. Virtualia Nº 1. Publicación
virtual de la EOL.
Jacques Lacan y la voz. En La voz. COL. 1997.
Los objetos a en la experiencia analítica. Presentación del tema
del Congreso de la AMP. 2006.
Papers del Congreso 2006 de la AMP.

  • 1
    Miller, Jacques-Alain. Los objetos a en la experiencia analítica. Presentación del tema del Congreso de la AMP. 2006.
  • 2
    Regnault François. La música no piensa sola en Revista Consecuencias Nº 5 Virtual del ICBA Buenos Aires 2010.
  • 3
    Miller, Jacques-Alain. Una nueva modalidad del síntoma. Virtualia Nº 1. Publicación virtual de la EOL.